Los colosos de Memnón de Luxor están entre los monumentos más espectaculares de esta ciudad del Alto Egipto. Y a buen seguro que pasarás por delante de ellos en tu excursión por la orilla occidental de la Antigua Tebas, de camino al Valle de los Reyes. Pero para admirarlos en toda su plenitud conviene conocerlos en profundidad. Por eso, en este post te contamos qué representan y cuáles son las leyendas más famosas asociadas a estas dos imponentes estatuas.
Qué representan los colosos de Memnón
Una de las primeras curiosidades de los Colosos de Memnón es que no representan a Memnón. En realidad, es la representación por duplicado de Amenofis III (o Amenhotep III), faraón de la XVIII dinastía, padre del famoso Akhenaton. En ambos casos, en posición sedente y dando la bienvenida solemne a quienes llegaban al templo de cuyo recinto formaban parte: el complejo funerario de dicho faraón. Además de Amenofis III, en menor tamaño se pueden reconocer las estatuas de las dos principales mujeres de la vida del faraón: su madre, Mutemuia, y su esposa, Tiy. Se trata de dos estatuas de casi 20 metros de altura, realizadas en torno al 1350 a.C.
Entonces, ¿quién es Memnón y por qué se les llama así?
Memnón es un héroe de la Guerra de Troya, conflicto narrado principalmente en la Ilíada por Homero, en el siglo VIII a.C. Por tanto, es de suponer que dicho nombre se empezara a utilizar en algún momento a partir de entonces. Memnón era un rey de Etiopía que marchó con sus ejércitos desde África hasta Anatolia para enfrentarse a Aquiles, que a la postre fue su verdugo. Aunque este territorio no corresponde ni correspondió con lo que entendemos por Etiopía, el hecho de haber partido desde África, al sur de Egipto, que es la parte más cercana a Nubia, Sudán y el África negra, pudo hacer que los conocedores de la Guerra de Troya asociaran estas figuras con ese héroe.
Estatuas cantantes (¿o llorosas?) al alba
En realidad, el detalle que realmente propició que se les atribuyera esta identidad tiene que ver con un extraño sonido que, al parecer, emitía una de las estatuas al alba: una especie de silbido, que muchos asociaban con un canto. Recordemos que Memnón se decía hijo de Eos, diosa del amanecer, así que más que un canto, podría ser un llanto o un lamento de su madre acerca de su hijo. Resulta difícil de verificar ese sonido y, en tal caso, de explicarlo, pero podría haberse debido a la evaporación de la humedad por rocío acumulada entre sus bloques de piedra, originada por el rápido calentamiento del ambiente al empezar la mañana.
Afortunado todo aquél que las escuche
Debido a los importantes deterioros por el paso del tiempo y los terremotos, las estatuas fueron restauradas en época romana… y dejaron de cantar/silbar/llorar. Por ello, las estatuas ya no emiten ningún sonido. Pero es creencia popular que lo siguen haciendo en determinados momentos. Por ello, se suele decir que los que logren escucharlo, disfrutarán de algún tipo de suerte o don.
Unas piedras que vinieron de lejos
Como hemos visto, Memnón venía de muy lejos y emprendió un viaje no menos largo. Y lo mismo se puede decir de la piedra empleada en su construcción: no procede del entorno inmediato de Luxor, sino del área de Guiza y El Cairo, pues se trata de una cuarcita especial. Y eso abre muchos interrogantes, pues los bloques originales podrían resultar excesivamente pesados para su traslado en barcazas por el Nilo. En cualquier caso, en el año 2025 terminó una gran restauración de los dos colosos de Memnón. Y bien se puede considerar una de las más profundas que han recibido, devolviendo rasgos humanos reconocibles a los rostros, reparando también secciones dañadas en el cuerpo.
