El café árabe, que es el que se toma en Egipto, es mucho más que una bebida: es una auténtica cultura, como ocurre con el té. Y así lo reconoció la Unesco en 2024, cuando lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, bajo el título “Un símbolo de generosidad” (nota: a fecha de mayo de 2026, Egipto no formaba parte de los países suscriptores de este reconocimiento). En las siguientes líneas te contamos cómo se originó, cómo se prepara y cómo se sirve, para que comprendas su importancia en la sociedad actual y lo pruebes, si tienes ocasión de ello durante tu viaje.
Cómo se originó el café árabe
Aunque a menudo asociamos el café a países como Colombia o Brasil, en realidad el origen mismo del café está en el mundo árabe. No en vano, el arbusto del que se obtienen los granos del café que se toma actualmente viene de la planta cafeto arábico (Coffea arabica). Y lo más probable es que comenzara a emplearse como bebida en Yemen, por parte de monjes sufíes en el siglo XV, pues la cafeína les ayudaba a mantenerse despiertos en sus vigilias nocturnas.
Y el nombre mismo del café parece ser una evolución de la palabra árabe qahwah y de ahí al turco kahveh, que se podría traducir como ‘estimulante’. El rápido éxito del café lo llevó a La Meca y a otros países de Oriente Próximo, incluido Egipto, donde se ha quedado como un símbolo de la cultura local.
Cómo se prepara el café árabe
Aunque el ritmo de vida actual acorta y simplifica los tiempos de todo proceso, si nos atenemos a una preparación tradicional del café árabe, al modo de los nómadas beduinos, estos serían los pasos:
- Se tuestan los granos enteros del café en una sartén sobre hoguera de leña. Ha de ser un tueste ligero, a temperatura no superior a 210º
- Se muelen o machacan en otro recipiente, algo que se puede realizar de manera manual
- Se cuecen esos pequeños trozos molidos en una cafetera metálica llamada dallah, con agua y opcionalmente con alguna especia, principalmente cardamomo, pero también pueden ser clavo, comino o azafrán, entre otros
- Tras minutos de cocción, se sirve directamente sobre la taza, sin filtrar y solo, sin leche
Al quedar los granos molidos del café al fondo de la cafetera, no suelen llegar a la taza, pero sí aportan todo su sabor y color, junto con las notas que dan las especias añadidas, lo que diferencia al café árabe de otros del mundo.
Cómo se sirve el café árabe
Uno de los aspectos más característicos del café árabe es el recipiente en el que se toma: se sirve en una taza pequeña sin asa, llamada finjān. Por tanto, se agarra con todos los dedos de la mano, en un gesto inconfundible. No obstante, en Egipto también se emplean tazas pequeñas con asa, incluso transparentes. La taza, además, puede ir decorada con clásicos motivos islámicos en los bordes.
Por regla general, el café árabe se toma sin azúcar, lo que consigue un carácter fuerte y amargo muy característico, aunque también se puede añadir a petición de la persona. Lo que sí aporta dulzor es el acompañamiento que se suele ofrecer junto con el café: dátiles o trozos de fruta seca. También se pueden ofrecer frutos secos como nueces.
Tradicionalmente, la preparación y toma de café se asociaba a reuniones de personas que se guardan afecto entre sí, como familiares o amigos, o incluso para encuentros en los que limar asperezas, llegar a acuerdos, etc. De ahí que este momento se considere una muestra de generosidad. Así que si tienes la suerte de formar parte de un encuentro de este tipo, saborea cada detalle del momento y del café.