¿Cómo es el té egipcio? Una bebida de bienvenida que debes probar

El té egipcio es una de las bebidas nacionales del país, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta la tradición de hospitalidad que se despliega en todo el mundo árabe en torno a esta infusión. Pero como veremos en las siguientes líneas, la versión local de esta bebida tiene unas particularidades que debes conocer y, sobre todo, probar en tu próximo viaje a Egipto. Al menos, si quieres adentrarte en su cultura popular más genuina.

Un té… que no es té

La primera curiosidad del té egipcio es que no es un té propiamente dicho. Recordemos que el té es la bebida resultante de infusionar las hojas de la planta Camellia sinensis. En función de diferentes detalles, como el secado de las hojas, los ingredientes o el mencionado proceso de infusionado, el té puede adoptar los distintos ‘colores’ que se le atribuyen, como el té negro o el té verde.

Sin embargo, paradójicamente, el té egipcio no es la bebida resultante de infusionar las hojas de la Camellia sinensis, sino otra muy distinta: el hibisco (Hibiscus sabdariffa), concretamente, las flores secas de dicha planta. Y dado que su color es rojizo, el té egipcio también adopta esa llamativa tonalidad cuando está lista para su consumo, lo que le da un atractivo visual innegable.

Además, para que sea un té egipico realmente auténtico, se dice que las flores del hibisco tienen que haber sido secadas previamente en el Desierto Blanco. Es por ello que en los viajes a los oasis del entorno, como el de Farafra, tomar un té egipcio resulta casi ineludible.

Caliente y frío, con muchos nombres

Otra particularidad del té egipcio es la variedad de nombres que puede recibir. Y es que el hibisco es también conocido como flor de Jamaica, de modo que otras variantes del té egipcio pueden encontrarse en otros países como ‘agua de Jamaica’. Sin embargo, el té egipcio tiene otro nombre muy distinto en Egipto, con el que podrás reconocerlo en el país: el Karkade, así como otras transcripciones como carcadé o karkady. En algunos lugares también lo podrás encontrar como bissap, aunque no es tan habitual.

También es interesante la temperatura a la que se toma el té egipcio, y eso también deriva en nombres distintos. Si bien el karkadé más habitual se toma caliente, hay otra opción fría: tras dejar la bebida reposar a temperatura ambiente, se introduce en el refrigerador para después consumirse a modo de refresco. En ese caso, el té egipcio se conoce como einab en muchos lugares.

La bienvenida perfecta

El té egipcio se puede tomar a cualquier hora y en cualquier contexto. Pero sin duda, lo más habitual es ofrecerse como gesto de bienvenida o afecto hacia otra persona, motivo por el que recibe el sobrenombre de la ‘bebida de la amistad’ en algunos contextos. Es por ello que, durante tu viaje, podrías recibir esta invitación, por ejemplo antes de una charla o a la llegada a un alojamiento. 

El principal beneficio que se le atribuye es el de facilitar la digestión, de modo que ese sería un momento perfecto para consumirlo: después de una comida o un desayuno copioso, pero no sólo. También podría ayudar a eliminar toxinas, además de ser diurético. Y por supuesto, desestresante, por el contexto en el que se toma.

A diferencia de otros tés árabes, el ritual de servirse es menos protocolario, aunque lo habitual es que se empleen tazas o vasos de cristal, en ambos casos transparente, permitiendo así contemplar el atractivo color rojo del té egipcio. Y para acompañarlo, la variedad de opciones dulces es enorme, como la baklava. Además, puedes endulzarlo con azúcar pero también con miel, al gusto.

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